Los migrantes de Toño Llano

Se dice fácil, pero no lo es. Cómodo tampoco, y nunca lo ha sido. Por años, el tema se ha convertido en una de las grandes interrogantes y dilemas de la lucha social, de la economía política, de la política social y de los programas contra la pobreza: ¿Cómo conciliar la creación de riqueza con la justicia social? ¿Cómo incrementar la productividad sin llegar a la explotación de la gente trabajadora? ¿Cómo avanzar en la innovación empresarial y productiva sin descuidar el mercado y la distribución del ingreso? ¿Cómo mantener el equilibrio entre las expectativas patronales, las demandas de los trabajadores y el rendimiento de las empresas?

El empresario Marco Antonio Llano Zaragoza parece tener la respuesta. Con casi 79 años (que cumplirá el 13 de junio) y más de 60 trabajando la tierra, organizando empresas y buscando mercados, ha aportado soluciones tanto para economistas como expertos en management y funcionarios públicos.

En el espacio productivo de Marco Antonio Llano, en el Valle de Guaymas-Empalme se han conciliado y puesto en práctica soluciones a varios de los ingentes problemas del México de hoy: Creación de empleos; distribución del ingreso; políticas sociales que realmente beneficien a las familias pobres en educación, salarios, salud, vivienda y asistencia social; y un nuevo enfoque de la política migratoria del sur al norte de México.

Hijo de un migrante (de Nuevo León a Sonora), su padre Francisco Laureano Llano Anaya (1904-1972), ex trabajador del gobierno federal e impulsor del cooperativismo, incursionó en la agricultura y la ganadería tomando como punto de partida el agreste terreno del valle de Guaymas-Empalme, para desarrollar ahí la siembra de los productos más demandados de la época.

Producto de la cultura del esfuerzo, y como compañero de trabajo de Ernesto Uruchurtu en el departamento del Trabajo en el gobierno de Plutarco Elías Calles, don Francisco —nacido en Bustamante, Nuevo León—, con secundaria completa, no tardó en relacionarse con los guaymenses por aquellos intensos intercambios de principios del siglo XX entre Guaymas y el territorio sur de la Baja California Sur, y se vino a radicar desde 1930 al puerto, invitado por José María Zaragoza Maytorena. Tenía 26 años.

Emparentó con la familia del  empresario español emigrado (de El Anchove, Bilbao, provincia de Vizcaya) a México Gaspar Zaragoza Echevarría. Banquero, minero, industrial de la cerveza y el jabón y miembro de la sucesión Cosca.

Casado con Matilde Maytorena Tapia, hermana de José María, el exgobernador, con cuya hija, Guadalupe Zaragoza Maytorena, contrajo nupcias Francisco Llano en 1932.

De ese matrimonio nacieron: Francisco (1933), Octavio(1934), Margarita (1936), Marco Antonio (1938) y Guadalupe (1939).

No tardó Francisco Llano (credencial 147 fundador del PNR) —muy bien relacionado con el gobernador Rodolfo Elías Calles—en llegar a la presidencia municipal de Guaymas para el período 1933-1935.

“Trata bien a todos mis paisanos, gobierna para todos y no te olvides de los pobres que son la mayoría” Le dice en una carta el gobernador Rodolfo Elías Calles a Llano. Tiempos aquellos de fuertes tensiones con la iglesia católica, con los chinos residentes en Sonora y con el crack del 29 que pegó muy duro en los intercambios con el puerto.

Marco Antonio se forjaría en una primera etapa en escuelas públicas: La Loreto Encinas de Avilés (de la Avenida  Serdán) y la Secundaria No. 1, con breves intervalos en el Colegio Kino del padre Garibay.

Continuó sus estudios en San Francisco, California y se inscribió en agronomía en la Universidad de Arizona.

Con los antecedentes políticos que tenía, don Francisco se conectó con Andrés Gómez Alemán (esposo de Ana Maytorena Tapia, hermana de José María y viuda de Javier Villaseñor), Oficial mayor de la Secretaría de Agricultura y Ganadería, primo del presidente Miguel Alemán. Gracias a esas relaciones se logró que se autorizara la inversión para los 30 kilómetros del “Bordo de Ortiz”, que a partir de 1953 detuvo parte de los excesos de agua derramados por el Río Mátape (que nace allá y recorre 150 kilómetros para desembocar en la Bahía de Empalme) y el arroyo de San Marcial, que por muchos años causaran tantos destrozos entre los habitantes, los pueblos y la infraestructura de caminos del Valle.

Tiempos aquellos de principios de los cuarenta del siglo XX del campo agrícola “El Cautivo”, de viajar en varios carros para combatir la inseguridad, en los caminos de terracería, de la agricultura de temporal en el Valle. De cultivos como el garbanzo y el trigo y algo de ganadería. Don Pancho y Florencio Zaragoza crean en 1944 “Construcciones de Guaymas”. Primero donde actualmente se ubica el hotel Armida, después en Serdán y 16.

Tiempos de falta de crédito para sembrar, y de una gran demanda de productos agrícolas de Estados Unidos a México por los efectos de la Segunda Guerra Mundial.

En 1958 Toño Llano regresa a Guaymas y se incorpora al trabajo en la empresa familiar. Ni salarios altos ni carro nuevo, ni condiciones ventajosas con el resto de los trabajadores de la empresa, para el hijo del patrón.

Era la educación férrea de un padre proveniente  de la cultura del esfuerzo, que no quería “juniors” atenidos a la casa, al carro o a la chequera del padre, sino al fruto de su trabajo. “Fue duro con nosotros, pero nos formó”.

Como buen bailador de mambo, jugador exitoso de basquetbol y amante de la convivencia social, Toño sería invitado en 1959 a hacerse cargo de las finanzas del Comité Municipal del PRI. El dirigente era Jaime Escobar Morales y el PRI se ubicaba en la planta alta del palacio, con Juan Iñigo Johnson como alcalde.

La mancuerna en finanzas la hizo con Armando González Chavira, por entonces exitoso empresario del transporte de ropa.

Toño se casa en 1961 con Zulma Villedent Ibarra, nieta del emigrado Francés Numa Louis Villedent Rigal, (nacido en 1878 en Chamborigaud, región de Languedoc-rousillon, departamento de Gard, en el sur de Francia).

Zulma, llamada así por su tía Zulma sepultada en Nimes, en el departamento de Avigno) hija de Víctor Villedent Valdepeñas y Guadalupe Ibarra, nacidos en Huatabampo. Zulma Villedent Ibarra Y Toño procrearon a sus tres hijos: Marco Antonio, Zulma y Belén.

Francisco Llano padre muere en 1972. Para entonces, Marco Antonio, a los 34 ya se había involucrado en la producción agrícola y el mercadeo de los productos en México y en Los Estados Unidos. También en el trato con los liderazgos sociales y campesinos del Valle.

Del trigo y el garbanzo, pasó a la sandía, melón, tomate, chile morrón y  picoso, pepino, el jalapeño y  el famoso chile verde o Anaheim y la Uva. Con los años crecieron y se modernizaron los empaques, incrementó la superficie cultivable, el número de trabajadores y la cantidad de clientes. También el procesamiento industrial de sus productos para darles valor agregado. Más del 50% de la producción la exporta. Moviliza 30 tráileres diarios con las 25 commodities que ahí se producen.

Al mismo tiempo incrementó su participación en organizaciones agrícolas y ganaderas y en organizaciones filantrópicas y de asistencia social.

En 1982, a los 44 años, fue elegido presidente municipal de Guaymas. Antes (1979-1981) había estado en la Junta de Progreso y Bienestar con una gran actuación en el organismo tripartita que tanta obra pública realizara.

Fue un activo presidente municipal. El único hasta la fecha que ha impulsado la organización de los vecinos en barrios y colonias a través de los famosos “Comités de mejoramiento comunitario” (63 urbanos y 42 rurales).

La proliferación de obras y servicios de agua, drenaje, electrificación, empedrado, pavimentación, servicios públicos elementales, educación, salud, cultura y actos cívicos y sociales fue impresionante, todos acompañados de la movilización y participación social. Igualmente importante fueron sus gestiones para conseguir con entonces titular de la SCT Rodolfo Félix Valdés, la sustitución del viejo puente Douglas por el libramiento que comunica a Guaymas con Empalme. Creó en 40 hectáreas el nuevo panteón “Héroes Civiles de Guaymas” y gestionó la construcción del Instituto Tecnológico Federal (entonces del mar) de Guaymas. Llevó excelentes relaciones con la tribu Yaqui.

Al salir del ayuntamiento en 1985, Marco Antonio —que ya no atendía sus negocios con tanta frecuencia—se da cuenta que le faltaba capital para reincorporarse a su empresa y acude al auxilio económico de uno de sus hermanos (Octavio), que con ironía (más en broma que en serio) le espetara: “Apenas puedo creer que no hayas aprovechado el cargo para resolver tus problemas económicos”. Octavio conocía de origen los principios de Marco Antonio que no utilizó el poder municipal para beneficiarse en lo personal.

En el 2000 a insistencia de Labastida, Bours y López Nogales, volvió a ser candidato del PRI a la presidencia municipal. La guerra de perversidades en su contra pudo más que sus esfuerzos. Hasta el gobernador lo dejó solo.

Porque Marco Antonio Llano, con un golpeado y barato reloj Citizen de pulsera en el brazo, una camisa Bugatchi, un pantalón Farah ya muy gastado igual que sus zapatos de gamuza y su camioneta Chevrolet —que normalmente cambia cada 7 años—, ha sido siempre de la estirpe del esfuerzo propio, y no de los atenidos a los vaivenes públicos o dependiente de los favores de los gobiernos para incrementar riqueza e ingresos.

Como empresario que arriesga, siembra, cosecha, produce, empaca, transforma, consigue clientes y comercializa bajo las complejas condiciones del mercado y de la competencia, y no de los favores oficiales o las componendas para favorecer a sus empresas.

Ha enfrentado, tanto tiempos de abundancia como de escasez: “Nada le vende ni le compra al gobierno. Eso sí, dice cumplir con las regulaciones laborales y sanitarias que la parte oficial le exige.

Hoy, sus campos, donde laboran más de 4,500 trabajadores por temporadas que van de agosto a junio de cada año, es visitado por propios y extraños para ver el proyecto económico y social iniciado hace ya más de 60 años.

Los trabajadores migrantes que trabajan con él, principalmente de los Estados de Guerrero, Sinaloa, Veracruz, Chiapas, Tabasco y Puebla, cuentan con viviendas, canchas, transporte, comedores, servicios médicos y educativos, una iglesia y hasta una instalación de Alcohólicos Anónimos. El salario que se les paga va más allá de los mínimos establecidos, prestaciones incluidas y sin conflictos laborales.

Toño luce bien de salud. Lo motiva mucho—dice—, el trabajo, la participación comunitaria—como la reparación total que dirigió, del—dañado por el huracán Jimena —templo de San Fernando de 234 años en la cabecera y el diálogo constante con personas que representan lo más variado de las expresiones populares. Tiene muchos amigos que con frecuencia lo consultan y lo ponen de referente. Su vida privada es austera,  exenta de frivolidades y excesos. “No conozco un casino por dentro” dice.

¿Y el retiro Toño, para cuándo? ¿Retirarme?; ¿Para qué?: “Hay que seguir participando en el progreso de Guaymas, seguir produciendo y generando empleo”. Tengo mucho que hacer todavía”. Dice el ya legendario y pragmático Toño Llano… genio y figura…

 

Bulmaro Pacheco

bulmarop@gmail.com

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